Una Catequesis del diálogo: El catequista ha de saber valorar el trabajo realizado por el grupo, evitando sus propias síntesis y la tentación de dar respuestas a las preguntas que nadie se ha realizado. Ha de aprender a escuchar lo que dicen los catequizandos, valorando así el lenguaje de la comunidad eclesial que se expresa. Para pasar, de este modo, del sentido literal al sentido simbólico. A este paso de la opacidad a la iluminación y del texto al sentido, podemos denominarlo “pascua del lenguaje”. En este sentido sería prudente preguntarse si la crisis que hoy experimenta la Catequesis no está estrechamente vinculada a la crisis del diálogo y del lenguaje. 2. Una Catequesis de la proposición: Durante mucho tiempo, la Catequesis ha sido una Catequesis del deber ser. Hoy la crisis de la transmisión de la fe nos pide pasar del ejemplo a la experiencia personal. No es éste el tiempo del discurso doctrinario que impone, no es el tiempo de la “encarnación estampa”, impuesta desde afuera y por la fuerza. La fe no se “clona”, no se copia y no se imprime. La fe se transmite través de una verdadera experiencia personal, realizada en el seno de una comunidad iniciadora en la cual los catequizandos puedan vivir la experiencia vital de la comunión con Cristo, verdadera y fundamental finalidad de la Catequesis. 3. Una Catequesis que recree nuevas formas de comunidad en las cuales sea posible hacer la experiencia de Jesús en medio de todos, compartiendo dones y carismas que se ponen el servicio del anuncio. 4. Una Catequesis que promueva el discernimiento como camino de encuentro con Dios en las diversas situaciones problemáticas e interrogantes que atraviesan sus interlocutores 5. Una Catequesis que fortalezca el primer anuncio, para que éste se diferencie y, a la vez, se integre en todo el proceso catequístico, otorgándole una fuerza renovadora y catecumenal 6. Una catequesis que celebre el anuncio y la presencia de Jesús en medio de todos, haciendo confluir orgánicamente la dimensión catequética de la liturgia y la dimensión litúrgica de la catequesis. 7. Una Catequesis que se atreva a desentrañar la pedagogía del acompañamiento como modo concreto de personalizar los itinerarios ante la diversidad de opciones y caminos previos recorridos por los padres. 8. Una Catequesis que contemple en silencio y con los pies descalzos el misterio de cada interlocutor. Con catequistas serviciales, humildes, que se atreven a contemplar la tierra sagrada del hermano. Catequistas que saben escuchar y que han descubierto en el misterio de cada persona un reflejo del amor creador del Padre. 9. Una Catequesis con catequistas que no bajan los brazos, que se reúnen para pensar la Catequesis, que investigan, que estudian, que planifican de verdad. Catequistas con una mirada larga capaz de trascender la crisis y de esperar la Pascua. 10. Una Catequesis con obispos y sacerdotes catequistas. Que asumen su necesidad de formación catequística, que se atreven a ser creativos y a promover la creatividad de los catequistas laicos.